Susy y Elizabeth: inicio de una amistad
Por Eimi Saravia Sáenz
Érase una vez una pequeña cocodrilo hembra que vivía sola en una laguna, ya que su familia había muerto porque unos cazadores, buscando piel y carne de cocodrilo, los habían asesinado. Ella se llamaba … bueno, no lo sabemos. Nadie sabe cómo se pronuncian los nombres de los cocodrilos de todas formas. Lo que sí sabemos es que ahora se llama Susy, pero eso viene más tarde.
La pequeña cocodrilo descansaba a la orilla de la laguna un día. Aunque los humanos pensamos que los cocodrilos son perezosos porque se tiran con la boca abierta al sol sin hacer nada un largo rato, en realidad ese comportamiento es algo muy importante para ellos, que necesitan el calor del sol por su sangre fría y abren la boca para evitar calentarse mucho. Los humanos, en cambio, tenemos la sangre caliente y no ocupamos tirarnos en la playa con la boca abierta, pero lo hacemos de todas maneras. ¡Y después juzgamos a los cocodrilos!
Pero volvamos a la historia. Mientras la pequeña reptil descansaba, llegaron unas personas desconocidas. Ella pensó que eran cazadores y trató de escapar. ¡Vieran cómo salió reptando rápidamente y se trató de esconder en el agua más profunda! Escuchó un grito: –¡ALLÁ ESTÁ! Después, algo punzante se clavó en su pierna. La cocodrilo se sintió extraña porque era un dardo con sedante, así que se durmió.
Cuando despertó luego de una larga siesta, se encontró en un refugio para cocodrilos. Escuchó una voz dulce de una joven mujer que decía: –No te preocupes, estás a salvo aquí.
La reptil giró la cabeza al frente. La joven humana dijo: –Yo me llamo Elizabeth y seré quien te cuidará. Te pondré un nombre. Te vas a llamar Susy y, sí, unos cazadores estaban tratando de matarte. Mis compañeros y yo te estábamos buscando para ayudarte gracias a una campaña para proteger cocodrilos como tú. La cocodrilo, que ahora sí llamaremos Susy, quedó impresionada. Le pareció que la joven era un ángel, así que decidió ser obediente y respetuosa con ella todo el tiempo.
Este comportamiento tan distinto en un reptil hizo que Susy destacara, por lo que pronto se convirtió en una estrella: cuando había exhibiciones de cocodrilos, Susy se ganaba a todo el público con la amabilidad y el cariño que le demostraba a todas las cuidadoras y los cuidadores. El gobierno comenzó a ayudar con los alimentos para los cocodrilos y mandó un collar rosado para Susy. Hasta aparecía en la televisión.
Una noche, ocurrió un accidente. Unos adolescentes trataron de entrar y robarse a Susy para venderla al mercado negro de animales. El plan de los delincuentes no salió bien; cuando uno de ellos trató de entrar al tanque para atarle las mandíbulas a Susy, el ladrón resbaló y cayó de golpe sobre una de las piedras, quebrándose una pierna. El dolor era tan grande que no podía nadar y se estaba ahogando. Sus amigos, cobardes, escaparon y lo abandonaron a su suerte porque los criminales siempre hacen eso.
El muchacho vio los ojos de los cocodrilos brillando en la oscuridad, cada vez más cerca. Supo que iba a morir cuando sintió unas mandíbulas cerrándose en su hombro y deseó jamás haber tomado el camino del mal.
Susy, quien había mordido el hombro del adolescente, nadaba con fuerza para sacarlo del agua. Lo arrastró a terreno seco y lo defendió de los otros cocodrilos hasta que los guardias llegaron. Habían visto todo por las cámaras de seguridad. El video se volvió viral en internet y la fama de Susy creció mucho más.
Hoy, la gente entiende que los cocodrilos no son malos y que hay que respetarlos y no invadir el lugar donde viven. Todos somos una familia, como Elizabeth y Susy, que se cuidan entre ellas y nos enseñan a convivir y ser felices.Contenido del cuento
Disponible desde 2 agosto de 2026 hasta 2 enero de 2027









